Pocas ciudades colombianas tienen una economía tan partida en dos como Cartagena. Por un lado, un mercado turístico que recibe visitantes de medio mundo y que busca en inglés, desde otro huso horario y con meses de anticipación. Por el otro, un polo industrial y portuario —Mamonal, la zona franca, los operadores logísticos— cuyos clientes son empresas que comparan proveedores igual que en cualquier ciudad industrial del país.
Para el negocio turístico, la consecuencia práctica es dura: tu competencia directa no es el hotel de al lado, son las plataformas globales de reserva. Ellas se llevan las primeras posiciones incluso cuando alguien busca tu nombre, y cada reserva que entra por ahí te cuesta una comisión. Recuperar parte de ese tráfico hacia tu propia web es, en la mayoría de los casos, el trabajo con mejor retorno que puede hacer un hotel o un operador en esta ciudad.
Y hay un detalle que arruina muchas webs turísticas cartageneras: la versión en inglés hecha a medias. O es una traducción automática que Google entiende como contenido pobre, o vive en una ruta sin etiquetas hreflang, de modo que el buscador no sabe a quién servir cada versión y termina mostrando la equivocada. Una web bilingüe mal implementada rinde peor que una web solo en español.
En el lado industrial la lógica es otra, más parecida a la de cualquier proveedor B2B: fichas técnicas indexables, páginas por línea de servicio y contenido que el comprador pueda verificar. Lo que comparten ambos mundos es la capa nueva: cuando alguien le pregunta a un asistente de IA por un hotel o por un operador en Cartagena, el modelo cita dos o tres fuentes que puede leer y comprobar. Ese trabajo lo detallamos en aparecer en ChatGPT y Gemini.